El comportamiento colectivo de l@s venezolan@s: Telón de fondo de la Salud Mental Decolonial (IV)

Esta semana, vamos a tejer con nuestro cuarto hilo el comportamiento colectivo de lo venezolano, como telón de fondo de la Salud Mental Decolonial, sustentado en el excelente ensayo del historiador Tomás Straka: "La larga tristeza y (esperanza) venezolana" (2015), que trata magistralmente una situación un tanto olvidada por la ciencia, la academia y utilizado acomodaticiamente por políticos de diversos signos ideológicos, la migración venezolana, por diversas razones desde el 2014 de millones de venezolanos y venezolanas, sin conocerse hasta ahora las cifras reales.

El historiador Straka nos recuerda que no es la primera vez que se suceden migraciones importantes en nuestra querida Patria, a finales del XIX y comienzos del siglo pasado hubo una y ahora desde el 2014, otra de relevante importancia. La migración es un hecho social en el devenir de la humanidad, nuestro continente debe su poblamiento hace más de 40.000 años a migraciones desde Eurasia, la Polinesia y Australia, es decir, nuestros pueblos originarios son hijos de históricas migraciónes.

En tiempos actuales, las migraciones pasaron de ser un hecho social coyuntural a un hecho social estructural, que afecta a las personas migrantes, a las sociedades de origen de la migración y las sociedades receptoras, todo migrante debe soportar tensión y estrés, en tiempo y duración variable, que lo afectará según la configuración de su personalidad, sus vivencias, experiencias, condiciones de migración y la certidumbre o incertidumbres sobre el sitio a donde migra.

Cuando no se superan satisfactoriamente esas tensiones, el estrés se hace crónico y múltiple, aparece el Síndrome de Ulises, descrito por el psiquiatra catalán Joseba Achotegui (2002), tema que no es el centro de este artículo.

De igual manera, investigaciones recientes, "Migrar en el siglo XXI", Navarro Alvarado et al (2023), en los últimos 15 años en Nuestramérica, la migración a dejado de ser sur/norte, para cambiar a una migración interregional; a través de corredores migratorios que van de México hasta la Patagonia; en otras latitudes mundiales, se habla del sexto continente, el "continente migratorio móvil", lo que requiere repensar el mundo, las sociedades, las políticas públicas migratorias internacionales y su impacto en el bienestar de las sociedades, las condiciones generales de vida, los perfiles de salud/enfermedad y la aparición de nuevas afectaciones humanas y sociales, que requerirá de personal formado, para atender las diversas aristas de este complejo hecho humano y social.

Ahora bien, retomando lo nacional, el historiador Straka, recurre a la literatura venezolana de comienzos y final del siglo pasado y de comienzo de este milenio y siglo su histórico relato, utilizando la metáfora del electrocardiograma con sus rítmicos latidos de altos y bajos, de quienes desean migrar o migran, analogía válida, porque quien migra, consciente o inconscientemente deja su corazón en la Patria.

Su narrativa me hizo recordar a Marc Bloch, citado por Vargas Arenas & Sanoja Obediente (2015): "La historia es la ciencia del cambio y de los hombres en su tiempo, no es el estudio del pasado. Es un proceso de relación dialéctica de flujo y reflujo, en donde en lo nuevo se insertan elementos del pasado, en tanto que en lo nuevo comienza a observarse expresiones latentes del porvenir.

Por tanto, al examinar el acontecer en el pasado remoto, en el pasado reciente y en el presente, la historia podría prever en cual sentido se enfrentará el futuro, el cual también se opondrá al ayer". Esta concepción de Bloch, permite valorar la importancia de la historia y los historiadores, como modo de comprender e interpretar realidades complejas.

Straka comienza su ensayo hablando de la tristeza, la tristeza no es patología, es añoranza, un duelo natural por lo que dejo y a quienes dejo, una persona al migrar por la razón que sea, deja tras de sí: su identidad nacional y su biografía, historia personal como historia colectiva convivida, deja enterrado en el suelo patrio, parte de su corazón y su venezolanidad.

Migra porque en él fracasó la leyenda de la abundancia del "oro negro…" será eso un "contagio al revés de la leyenda del Dorado" de nuestros aborígenes, para alejar y evitar la codicia del conquistador ibérico, codicia que se transformó en praxis social genocida, etnicida y epistemicida, con graves y elevados saldos mortales de su empresa conquistadora y colonizadora

En toda tristeza, hay una dialéctica de la rabia, por lo que se deja, por culpar a la Patria que me abandonó y no me retuvo; la sabiduría popular la resuelve con humor "…al mal tiempo, buena cara". El humor en oportunidades, frena o elimina temporal o permanentemente el deseo de migrar, además despierta el deseo de lucha por la Patria.

Todo ello nos señala, que la tristeza de quien desea migrar o migra, conlleva un proceso de (des)identificación, el migrante es una persona que se encuentra en una calle ciega, en un callejón sin salida, Straka recurre a la explicación del Teólogo Rafael Tomás Caldera, quien sostiene que la (des)identidad sucede por presumido, en su concepción actual: "adelantarse en el juicio de sí mismo, con ánimo de jactancia, de allí su sentido de vanagloria"; en sentido teológico "presunción" es el pecado a la virtud teologal de la esperanza.

La sabiduría popular suele decir, "la esperanza es lo último que se pierde…" ¿Qué es lo último que podemos perder?, la vida, por eso es que en el pensamiento psicopatológico se le teme a la tristeza, porque se asocia a la depresión y el suicidio.

No es conveniente psicopatologizar la tristeza, porque con ello matamos la esperanza, la vida, una cosa es la tristeza y otra la depresión, la tristeza es un sentimiento útil, para reconstruirnos en nuestra identidad para fortalecer nuestra personalidad, para afrontar la migración, no como un fracaso, sino como un renacer en otro territorio, sociedad y cultura.

Ahora bien, pero presumir como pecado teologal que obstaculiza la esperanza, tiene sus inconvenientes, subalterniza, inferioriza a otros, todo lo que le huela a pueblo, a los monos, como nos recuerda Straka, que se usó mucho para describir a los seguidores del Presidente Chávez en su momento, entonces presumir desde la perspectiva decolonial, es colonializar al "otro", subalternizarlo, inferiorizarlo, no reconocerlo.

Un importante número de "presumidos desclazados clase media" de Venezuela, miran al "otro" al "pueblo de a pie" como mono, con ello se niega a sí mismo, se (des)identifican, porque nuestros primos hermanos evolutivos, aunque lejanos son los primates, pero, como todo desclazado, con falsa conciencia brilla por su ignorancia, hay que decirles "señoritos y señoritas de bote y voleo, donde lo tiene que no se los veo", es lo que sucede con los "falsos migrantes" autodenominados "exiliados políticos", o quienes por otras razones, se declaran "exiliados políticos" en particular, si llegan a los Estados Unidos de Norte América..

De manera que, por su presunción de "falsos migrantes políticos" colonizados y colonializados, la esperanza es lo decolonial, es el fortalecimiento de la identidad nacional, así seamos migrantes. Como señala Straka la tensión y confrontación entre presunción y esperanza es un signo histórico de estos tiempos de grandes tensiones geopolíticas mundiales, donde unos Estados poderosos actúan con violencia simbólica llevándose por delante soberanías nacionales y el derecho internacional, o con la violencia de facto militar genocida, a la que responden los Estados violentados, con el uso de la "coersión legítima" (Dussel, 2014).

El problema de la tensión entre presunción y esperanza, desemboca en un empate catastrófico, sin salida (García Linera, 2008), desde la conquista y colonización de Nuestramérica: las oligarquías y burguesías criollas, autodenominadas civilizadas y el grueso de los habitantes, el pueblo de a pie, esas oligarquías y burguesias criollas los han considerado como bárbaros, es la dialéctica identidad colonial/(des)identidad de los bárbaros, civilización/barbarie, que ha caracterizado desde hace un poco más de 5 siglos a Nuestramérica como pueblos conquistados/colonizados y colonializados.

En el imaginario colectivo Nuestroamericano y en su memoria histórica, siempre está y estará presente el inevitable deseo emancipatorio, libertario étnico, económico, político e histórico, de nuestro Libertador Simón Bolívar, pensamiento que encarnó la revolución bolivariana, pero que mediante procesos extraterritoriales imperiales y procesos nacionales internos, ha sido truncada, elidida con sufrimiento y dolor personal y colectivo.

De tal manera que se pueden enumerar multiplicidad de compejos elementos entre los que destacan, exceso de políticos de oficios del lado opositor y del lado gubernamental y ausencia de Estadistas, para construir Patria…la tristeza de la Patria se prolonga y la esperanza de los pueblos se acorta.

Todos nosotros como pueblo "para sí", como sujeto colectivo e histórico, estamos siendo postergados por fuerzas políticas polarizantes de signo ideológico contrario, como "pueblo en sí", pueblo cooptado, subalternizardo e inferiorizado, el desafío decolonial es tranformar ese "en si" en pueblo "para sí", que transforme su falsa conciencia, en conciencia de clase.

Finalmente, los lectores de estos artículos, se habrán percatado que para el autor de los mismos, el comportamiento colectivo de lo venezolano, no es una construcción psicológica, ni psicopatológica, sino una construcción histórica, social y cultural… continuará.

 

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Pedro Alcalá Afanador

Doctor en Ciencias Gerenciales - Doctor en Ciencias Sociales - Especialista en Salud Pública - Psiquiatra - Médico Cirujano

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