Edadismo y la gran tribulación

Los años me van distanciando de la vida, pero también de la vida tal como se concibe y se vive, no ya en España sino también en todo Occidente. La resiliencia está muy bien como disposición para vivir más y mejor. Pero hasta cierto punto. Adaptarse a una sociedad salvaje, hostil, en la que el raciocinio general puede haber perdido buena parte de su valor y de su sentido, puede no compensar. Al menos no compensar a quienes, como es mi caso, el raciocinio y la voluntad de un correcto pensar están por encima incluso del amor… Y hoy día, en la sociedad española y en general en Occidente, se razona de un modo muy alejado del pensamiento socrático y grecolatino. Es cierto que cada época da sus frutos y sus horrores. Pero la filosofía de la vida de los países que pertenecen a este lado del meridiano basada en el hedonismo y en el consumo, sus principales motores, pero también basada en la falacia, en el sofisma y en un pensamiento y una acción a su vez fundamentadas en la supremacía política o armada convencional de quienes razonan institucional y públicamente, así como de quienes lo hacen desde los medios de comunicación oficiales que todo lo condicionan, puede resultar, todo junto, cada vez más insoportable. Y a medida que pasa el tiempo y se van produciendo acontecimientos dirigidos, la mayor parte de los más resonantes, por los anglosajones, más repulsión me producen las sociedades organizadas bajo el manto de una racionalidad cada vez menos racional y más absurda, que desbarra más. La problemática y sospechosa pandemia, los sueros llamados vacunas sin pestañear, el nuevo orden mundial calificado así sin la menor idea de su diseño, la Agenda 30-50, el alineamiento de las naciones de tal modo que puede decirse que nos encontramos en una fase de la historia que no sólo es crucial sino que parece definitiva para el porvenir de la Humanidad, sitúan a los dos polos geopolíticos en una posición en apariencia ya sin marcha atrás: Occidente contra Oriente, Oriente contra Occidente.

Por otra parte, he descubierto recientemente un sustantivo, que no me esperaba, aprobado hace poco por la Real Academia Española de la Lengua: edadismo, que lo define como discriminación por razón de edad, especialmente de las personas mayores o ancianas, que desprende el tufo con el que empezó la falta de respeto a los ancianos, luego se pasó a la falta de consideración hacia ellos, para terminar percibiéndose los vapores del desprecio y hasta del odio hacia la ancianidad…

El edadismo surge cuando la edad se utiliza para categorizar y dividir a las personas por atributos que ocasionan daño, desventaja o injusticia, y menoscaban la solidaridad intergeneracional. Que la ONU y no sólo la ONU, también la OMS se hayan implicado en la preocupación por el edadismo, que consideran un problema, dice, no obstante, muy poco en favor de ambas organizaciones occidentales y mucho en contra de su infantilismo y sus ganas de vestir al muñeco del fatum, de lo inevitable de la vejez. Pues es como pretender poner puertas al campo. Que la sociedad humana es como un organismo es otra visión de la sociología. Y como tal, evoluciona irremediablemente hacia la caducidad. Como irremediable es la tendencia, cada vez más acentuada, a la desigualdad social, al abuso y a la barbarie desde unos conceptos de vida cada vez más pragmáticos, de una Economía que se estudia en todas las universidades del mundo que enseña exclusivamente el desenvolvimiento de la ingeniería financiera, en la que no hay espacio alguno que apunte a "enseñar" a través de ella, cómo lograr una menor desigualdad social. Todo lo que hace astillas la importancia de otra filosofía de vida que consista en el deseo ferviente de la paz y de la armonía, para lo que es preciso postergar la ambición desmedida de riqueza y de poder. Pero esto es así no sólo ahora que vivimos, por el momento a distancia, una guerra que amenaza a la Humanidad. Esta inclinación empezó inmediatamente después de la segunda gran guerra. Incluso pese a todo, las naciones parecieron estar dispuestas a corregirse de la barbarie después del horror de Hiroshima y Nagasaki. Pero muy pronto se vio que era un espejismo. Pues no recuerdo otras guerras desde entonces que no haya provocado Occidente. Occidente, es decir, la nación que lo abandera, se propuso no ya predominar pacíficamente por sus logros científicos, tecnológicos, médicos, sino dominar ideológica y materialmente al mundo con toda clase de engaños y de trampas, para rematarle con sus cías, sus marines y sus ejércitos… China, sin salir de sus fronteras, le sobrepasa ya en todas las áreas del conocimiento, e incluso quizá en el armamentístico.

No se nos olvide, pasados 58 años desde el espanto nuclear, vuelve la barbarie. Las invasiones de Afganistán, Irak y Libia para apoderarse del petróleo de estas dos últimas tuvieron como paradigmas de la atrocidad a Guantánamo y sobre todo la prisión iraquí de Abu Ghraib… No hubo reacción alguna por parte de las demás naciones de la Europa Vieja, ni de tribunales internacionales. Optaron, pese a que por muy viejas debieran haberse comportado con arreglo a esa acumulación de siglos sobre ellas y sobre las generaciones que las habitan, por callar y dejarse arrastrar por esa nación del Nuevo Mundo que es la imagen viva de la barbarie, perfeccionada, de la civilización, a su vez ésta la última fase de la Cultura.

A finales de abril de 2004, un canal estadounidense de noticias expuso las torturas, abusos y humillaciones a reclusos iraquíes por un grupo de soldados estadounidenses. La historia incluía fotografías, y ha resultado en un escándalo político importante en los Estados Unidos y otros países de la coalición. Posteriormente, han aparecido pruebas de otros abusos similares. Estos abusos a prisioneros venían siendo denunciadas, sin respuesta por parte de los medios de comunicación y gobiernos, por parte de organizaciones internacionales humanitarias, como Amnistía Internacional, desde el principio de la ocupación.

Pero, volvamos al edadismo... Los antiguos griegos decían que cuando los dioses quieren castigar a un pueblo, entregan su gobierno a los jóvenes. El primer mandatario de esa nación de cuyo nombre prefiero olvidar no es precisamente un joven. Pero en este caso da igual. Todos los presidentes, después de 1945, sean de un partido o del otro, son el títere del Pentágono y del poder financiero. Por eso da igual. Él no pinta nada. Su edad vetusta es una tapadera ideal para invitar al mundo a pensar que es honorable y no puede hacer majaderías. En esto sí es maestra la Política de aquel país. Maestra del engaño, de la hipocresía, del cinismo, de la tortuosidad,, de la escabrosidad, de la perversión y del consentimiento a sus policías y a sus ejércitos cuando desatan su salvajismo…

Ahora, pero desde hace mucho, Estados Unidos hostiga a Corea del Norte desde Corea del Sur; a China desde Taiwán; a Rusia desde el cinturón de la OTAN. Así se pasa la historia esa odiosa nación hasta que todos sucumbamos a la deflagración nuclear. No habrá sido el edadismo la causa, sino la locura de quienes, desde sus fortificaciones y despachos, mandan sus legiones a otras naciones para matar a seres humanos con cualquier pretexto, sin temor a consecuencias para la población civil que no tiene culpa de nada. El uranio empobrecido que los británicos, los socios finos, envían a Ucrania, que afectará gravemente a la cadena alimentaria, por si fueran pocas las turbulencias del caos climático para los cultivos, es otro signo más de la irracionalidad y de la estupidez de "occidente". Aunque, no obstante, creo, lo creo así, en este caso y esta situación calculan mal. Pues lo más probable es que siga la escalada con el recurso de las ojivas nucleares. Estados Unidos es el estado fascista por antonomasia disfrazado por una democracia de élites que marginan a negros e hispanos, como la democracia ateniense tenía a los ilotas que no eran ciudadanos de la democracia. Pero la Gran Bretaña es el pariente "noble", frío, flemático, que acabará siendo la causa de la causa del fin…

Todas las instituciones y organismos internacionales, desde la ONU y el Consejo de Seguridad hasta la Corte Penal Internacional; todos los Acuerdos, todas las Cumbres, todos los Foros… son una pantomima para cubrir las apariencias de que en el mundo no lo deciden y no lo provocan todo, la Gran Bretaña y su legatario, Estados Unidos, un día la Tierra prometida bíblica, hoy el transportador que nos traerá el Infierno a la Tierra. Mientras tanto, sigue el saqueo del petróleo sirio por las tropas estadounidenses de ocupación…

…porque habrá entonces gran tribulación, cual no ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Mateo 24: 21-24



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Jaime Richart

Antropólogo y jurista.

 [email protected]      @jjaimerichart

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