El contraataque ruso y la victoria de invierno

Hay mucha inteligencia en las redes sociales, pero inteligencia de variado tipo y todo gusto. Ya se sabe que los medios de comunicación están al día para el gusto del patrón, patrón de facto o patrón ideológico. Usted puede estar muriendo con el agua al cuello, pero será retratado vigorosamente resistente por unos y ya muerto por otros. Inclusive usted, ya muerto, puede darle gusto a quienes quieran vengarse con su fantasma.

De manera que los medios de comunicación opinan. ¡Ah, y hablando de redes, hay los opinadores propiamente, los expertos, analistas, para todos los gustos también, de derecha, de izquierda, de centro y hasta bipolares! Estas mismas líneas son expresión de una línea exploradora al gusto de una tendencia. Importa al final, pues, que todas las tendencias precipiten su verdad al alimentarse con semejante diversidad. De modo que hoy, como nunca antes, la verdad es una esquizofrénica disociación y cada quién escoge la suya con la cual ser feliz.

Se retira Rusia de Jersón, al noreste de Ucrania, al parecer para resguardarse detrás de la barrera del río Dniéper de los ataques ucranianos, y ello tiene disociadas interpretaciones. La básica es que Rusia huye, la guerra está por terminar y Ucrania gana. Ingenuamente una guerra se define como la confrontación de dos adversarios que conceptualmente deben avanzar. La versión ingenua da gusto a un alto porcentaje de catadores con el agua al cuello, pero que son felices con la ilusión de que para inhalar el cúmulo de oxigeno espacial nomás basta un pedacito de nariz hacia el exterior. Al mismo tiempo, la propaganda de guerra hace lo mismo, pero con mejor calidad ilusoria: el pedacito de nariz asomado es la realidad, el cuerpo completo celebrando la victoria. El patrón paga, el periodista cobra y el mundo es una realidad opcional.

Como hoy día, por obra y gracia de la tecnológica inmediatez comunicacional, hasta las guerras se escenifican a la vista de todos. No hay pataleo con la emisión de un satélite encima de los hechos, lo cual permite que el simple mortal (consumidor) en el acto deguste la acción. Sí, las tropas rusas incuestionablemente se dirigen hacia el otro lado de la rivera del Dniéper.

Cuando un informado ha leído la historia, a Julio Cesar, a Maquiavelo, a Sun Tzu y se ha enterado del "Vuelvan caras" de José Antonio Páez durante la guerra de independencia venezolana, entonces arrebata el básico triunfo al iluso contrario. ¡Un bando puede disimular derrota y moral despedazada! Se escribe entonces una interpretación un poco más elaborada: una potencia como Rusia es raro que huya de un país militarmente inferior, por lo cual la guerra no está por terminar y Ucrania sigue derrotada. Luego aflora que los rusos se repliegan estratégicamente.

De modo paralelo, acontece una guerra comunicacional, donde las versiones de la verdad se enfrentan y se apuñalan sin piedad, utilizando para el exterminio desde bayonetas hasta misiles nucleares. Los básicos contra los elaborados. Ucrania-ya ganó contra los rusos-preparan-un-golpe-mortal. Patronos, periodistas e internautas en general invierten sus recursos para crear sus cápsulas de felicidad. En la mente de algunos atrabiliarios está la convicción de que una guerra se puede perder, pero si todo el mundo cree que se ganó equivale al hecho mismo de ganarla. Tal es la guerra psicológica, concebida, por supuesto para doblar la rodilla moral de un bando. Verdad versión 0.6 inyectada en la venas para la población en general.

Surgen los analistas, expertos, pertenecientes a bandos ideológicos de modo inevitable, aunque cacareen lo contrario, y proclaman que los rusos junto al invierno derrotaron a los nazis durante la segunda guerra mundial y que ahora, similarmente, se repliegan al otro lado del río no para huir sino para esperar el efecto del gélido invierno sobre un enemigo bombardeado, sin energía eléctrica, sin calentamiento, con problemas para procesar alimentos y mover logísticas. Se escribe, pues, a interpretación de que los rusos son criminales de lesa humanidad, la guerra está calculadoramente terminada y los ucranianos viven la alegría de los tísicos. Lógicamente los consumidores básicos se esfuerzan en aportar que eso es cuento viejo, que los ucranianos ya deben haber pensado en ello para no caer en la celada, como si en verdad no existiese el invierno. Patronos y periodistas recurren a lo imposible y auscultan los cielos con la gratificante esperanza de que el cambio climático estrelle los pronósticos del tiempo para generar su ola de parcializadas felicidades y negar el hórrido frío.

Finalmente, cuando los EEUU, el principal promotor de la resistencia ucraniana, proponen a Ucrania que hable de paz con Rusia, se encienden las sirenas de la victoria o la derrota, según sea el comensal que disfrute el plato informático. Se avecina el invierno, en esfuerzo colectivo de la OTAN se han suministrado enormes cantidades de armas a Ucrania al grado de que los suministradores se han quedado sin provisiones (lanzaderas múltiples HIMARS, armas Nlaw, misiles Stinger y Javelin, antiaéreos S-300 eslovacos, ametralladores, rifles de asalto y municiones) y el enemigo continúa impávido, y ¡Rusia se apresta a incorporar 200 mil tropas nuevas! Tal triada de hechos en contra y a favor del país eslavo (invierno, armas y tropas) constituye un hito para la reflexión ya no tanto para los analistas de sendos bandos que dan pábulo al consumidor en general, sino para el consumo en frío de la dirigencia de países, preocupada ahora por la persistencia rusa ante el enfrentamiento con la UE y la OTAN, quienes suelen considerarse el mundo mismo.

De manera que a esta altura de la reflexión, dada la actuación de los aliados contra Rusia, que intentan ahora dialogar a través de Ucrania, la interpretación que se aventura es la siguiente: es inminente la victoria rusa, la guerra virtualmente estaría terminada y Ucrania reducida. Los hechos parecen incontenibles: un país bombardeado, debilitado después del invierno, tiene que enfrentar a una potencia militar que le enfrentará 200 mil nueva tropas. Naturalmente, el consumidor básico, aún con el pedacito de nariz fuera del agua, elaborará su feliz fantasía aduciendo que las tropas reclutadas por el ejército ruso no tienen experiencias y no ejercerán peso significativo. La guerra terminaría con el invierno, tal vez un mes después, en marzo de 2023, siendo el resto ocupación.

Pero lejos ya de oscilante estados de complacencia con versiones de realidad, el asunto de fondo ahora para occidente (UE, OTAN y EEUU) es lograr una retirada honrosa del campo de batalla. La derrota de Ucrania sería la derrota del pupilo, a quien se le suministró armamento y entrenamiento. La victoria de Rusia sobre Ucrania será una sobre EEUU, Inglaterra, Alemania, Francia, Canadá… ¡Sobre la OTAN, quien actuó y perdió! Por supuesto, este plato tiene variados consumidores comunicacionales: habrá sido una derrota de Ucrania sólamente, la OTAN no intervino como para atribuirle derrota alguna, Zelensky es un criminal de guerra y había que cesarle el apoyo, Rusia enfrentó el suministro armamentístico de treinta países en su contra, no es tan grande mérito de Rusia derrotar a un país pequeño, etc.

La opción única para evitar la derrota ucraniana es la intervención directa de la OTAN sobre el territorio. Consumidores básicos siempre habrá, siempre forjando su felicidad aunque extrema: ¡no hubo guerra!



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Oscar J. Camero

Escritor e investigador. Estudió Literatura en la UCV. Activista de izquierda. Apasionado por la filosofía, fotografía, viajes, ciudad, salud, música llanera y la investigación documental.

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