Educación, educación, educación

Por estos días ha estado muy movida la cuestión de la educación en Venezuela. Sindicatos y gremios docentes de la educación primaria, media general, técnica-profesional y universitaria, han tomado la calle y a voz en grito demandan atención por parte del ejecutivo. Concentraciones opositoras y chavistas exigen casi lo mismo, aunque con diferente estilo, aumento salarial sustentable; pero la respuesta no ha legado. Maduro habló, pero nadie pudo entender su declaración en el marco de la marcha chavista del 23 de enero que llegó a Miraflores, parece que va a incrementar los bonos del sistema patria y, de hecho, ha entregado algunos al día de hoy.

Los dichos sindicatos y gremios, así como buena parte de la base magisterial y menos el sector opositor aceptan de buena gana semejante aporte económico y el chavismo tampoco, sino a regañadientes. Ambos sectores trabajadores de la educación exigen al unísono un salario digno, acorde a la economía actual y que sea sustentable. El gobierno dizque alega que el bloqueo lo tiene jodío, que no tiene presupuesto para salarios y, en consecuencia, parece ser que los famosos bonos sea la única salida en este primer semestre de 2023.

Otras voces, rumorosos, aseguran que ya los gremios acordaron con el patrono-gobierno o ejecutivo y que ya hablaron sobre el monto por boca de fedecámaras, será un sueldo "sustentable" o como le llamen, que será pronto porque nadie en el gobierno aguanta tantas marchas y concentraciones todos los días de la semana; además, niños y jóvenes de los sectores más vulnerables son los más afectados, es decir, los del sistema educativo público, porque al privado no le pica ni coquito, ahí sí es verdad que la educación no es perturbada, entonces tanto el Estado y su gobierno como los docentes del sistema educativo venezolano público tienen la grave responsabilidad de hacer buenas aquellas palabras del himno de la Upel, educar, educar, educar, formar a un pueblo en los necesarios conocimientos científicos, con el fin de ser un pueblo sabio y prudente, como decía don Simón Rodríguez, un pueblo mora, de hábitos republicanos, raciona y querencioso del país; pero com0o dijo recientemente la directiva nacional de Fe y Alegría, sin educadores bien remunerados, motivados y comprometidos no puede haber educación de calidad, que es la que necesita el país.

La conclusión parece ser que, por una parte, la educación formal en Venezuela no debería entrar a paro laboral, eso sería una gran tragedia, más en el contexto actual; pero, por la otra, el gobierno debe responder las demandas de un salario justo al gremio docente y sus colaboradores. Según hay dinero para muchas cosas menos importantes y, contradictoriamente, se ha dicho de parte del oficialismo de grandes limitaciones para asuntos salariales, porque el bloqueo es un mecanismo terrible que obstaculiza los ingresos normales al país, ese dilema debería desaparecer priorizando los gastos o la inversión social.

 



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Luis B. Saavedra M.

Docente, Trabajador popular.

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