El General Hermógenes Maza: El ángel exterminador

El General Hermógenes Maza fue un prócer de la independencia; nació en Santa Fe de Bogotá el 20/04/1792, perteneció a una acaudalada familia vinculada a la oligarquía bogotana, que lo indujo a estudiar en el mejor colegio de esa ciudad, junto a sus siete hermanos, donde se destacó como un estudiante modelo; pero los avatares de la lucha independentista lo llevó a asumir posiciones no tan santas, haciéndose acreedor de remoquetes como el angel exterminador de los españoles que fue apodado por el mismísimo Libertador que tenía un ojo clínico para dar en el clavo; también fue llamado el vengador de los mártires y el émulo de José Tomas Boves; así como un sinfín de señalamientos por su agresividad, su actitud grotesca, cruel, jactancioso y borracho.

La lucha de la independencia dio para todo; aquellos que sobresalieron en la guerra y lo dieron todo, sin recibir nada a cambio; otros que han recibido meritos, sin merecerlos, como un Francisco De Paula Santander; mal llamado "hombre de las leyes" o como; El General Maza. El año 1914 fue un año puntual en las lides de la lucha emancipadora; se pierde la segunda República, se dan las batallas de La Victoria (1814); San Mateo y la Puerta. Bolívar designa como jefe militar de Caracas a Hermogenes Maza, viene la emigración a Oriente y en la batalla de Urica, es apresado y conducido a Caracas (1815) donde es condenado a muerte, se vale de artimañas y escapa de la cárcel para dirigirse a Bogotá y en 1819 se incorpora al ejercito emancipador.

Para el 27/06/1821, lo encontramos al margen del rio Magdalena en las cercanías de la población de Tenerife; allí inauguró un tribunal de facto, donde se hace acreedor de todos los cargos, frente al navío La Comandancia anclado en las riveras del río, sentado en una mecedora, dicta las ordenes de ejecución, flanqueado por dos soldados apertrechados de dos filosos y cortantes machetes; atrás se encuentran 200 prisioneros, bien custodiados a la espera de la sentencia. El primero, es un oficial español, trata de defenderse, con aquello de que el recibía ordenes; para Maza no hay alegatos que valgan; antes de terminar, dice son titubeos….al baño, Al oírlo los dos soldados, lo arrastran y de un golpe certero es decapitado y lanzado desde el navío al rio. No habían regresado y ya Maza tenía a otro oficial con la sentencia lista. Al llegar al tercero, se consigue con la disyuntiva que puede venir un peninsular y filtrarse como granadino, así que lo obliga a pronunciar la palabra Francisco, quien lo hiciera con la c de la española, era hombre muerto. Al llegar al número 60, le traen a un negrito, reconocido realista, primero le preguntan con la c de Francisco y responde a la criolla. Pregunta a los presentes, si alguien puede responder por él. Todo fue silencio….al baño pues. En el prisionero 72, se encontró con la excepción de la regla. Un español está frente a él, es Juan Sordo, quien había sido su maestro en su lejana niñez. Señor soy yo, su padrino y maestro. No me mate e Inmediatamente lo reconoce. Que se vaya.

Así uno a uno a más de 200 prisioneros fue oyendo tan insólita sentencia, demás está decir que los peces, los caimanes se dieron un banquete con tan horrible banquete. En este mismo año, Maza recibió órdenes del Libertador de evitar derramamientos de sangre; pero se valió de un procedimiento más cruel; metió en zurrones de cuero a 30 prisioneros y los lanzó vivos al río Magdalena. Una vez cumplida las órdenes, informó a Bolívar: "Con los últimos prisioneros no se derramó una gota de sangre"

Dicen los estudiosos que un hombre que había recibido una esmerada educación, un trato hogareño lleno de afectos y se había codeado en los cirulos aristocráticos, había dado un paso tan frontal. Algunos señalan que el encarcelamiento de Caracas por espacio de dos años, había recibido torturas, grillos y un trato humillante, luego se encontraría en su ciudad natal donde a su familia le habían confiscado sus bienes, le habían fusilado a algunos de sus antiguos compañeros de clase y el fallecimiento de su progenitora; habían incidido para dar esos cambios tan frontales en su personalidad.

Como guerrero siempre ocupó los primeros lugares, estuvo en la batalla de Pichincha (1822) y la campaña de Pasto al lado del Mariscal Antonio José de Sucre. En aquellas zonas, donde era difícil controlarlas, lo enviaban como "pacificador", donde apelaba sin miramiento alguno al fusilamiento o confiscación de los bienes.

Para 1826, terminada la confrontación guerrera regresa a Bogotá, no al aristocrático barrio de su niñez, sino al barrio Egipto donde se dedicaría al aguardiente y a visitar lupanares marginales. En 1832 sale de Bogotá en dirección al pueblo de la Honda, luego de varios meses de abstinencia a solicitud de un amigo cercano, vuelve nuevamente sus pasos al aguardiente y en julio de 1847 lo ataca una cirrosis hepática, siente el palpitar que sus días están contados e ingresa a un modesto hospital asistido por monjas. Vengo les dijo la monja, que lo recibía, en busca de una cama y a probar que es falso lo que dice las sagradas escrituras "que el que a cuchillo mata a cuchillo muere". El día 13 de ese mismo mes, se despidió, ante los presentes, diciendo "Ahí les dejo su mundo de mierda". Hoy se le recuerda con un batallón que lleva su nombre en el norte de Santander y el barrio Egipto en la casa donde habito le colocaron una placa de mármol.



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Luís Roa

Licenciado en Administración de Empresas (ULA). Luchador social. Jubilado de CVG Alcasa

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