Crónicas cotidianas

De enfermera integral a cantante

Mientras la gente se bajaba del autobús en Paseo Las Industrias, ella subió. Morena de uno 40 años, bien peinada, vestida limpio, maquillaje sencillo, franela, short largos y zapatos Nike imitación. Cargaba a un niño aún de pañales en el brazo izquierdo. Algo le susurró al chofer, se dio vuelta hacia los pasajeros y comenzó a hablar. "Bueno, Buenos días. Gracias por escucharme un momento. Yo soy cantante, y tengo muchas necesidades porque tengo tres hijos. Los otros dos se quedaron con mi mamá que los cuida. En realidad, soy enfermera integral y trabajo en un CDI, pero las necesidades se van acumulando. Bueno, nadie sabe de qué tamaño es la gotera del otro. Ahora me diagnosticaron cáncer de matriz y debo hacerme una serie de exámenes. Los médicos me han ayudado mucho, pero dentro de sus limitaciones, porque ustedes deben saber que no siempre hay implementos o medicinas. Ahora me mandaron a tomar Doxetacel que es muy cara como todas las medicinas para el cáncer. Mi batalla está comenzando y yo espero vencer porque mis niños me necesitan".

Mientras ella hablaba, la gente subía y bajaba. Algunos se quedaron para escuchar la historia, mientras el autobús tomaba la principal de La Isabelica hacia Plaza de Toros. Me sorprendió mucho ver a unos chamos de bachillerato, de pie junto a ella, escuchando la narración sin moverse, con el mayor respeto del mundo. La miraban hasta con lástima, muestra de que la insensibilidad no se ha perdido. El autobús se había vuelto a llenar y ella había concentrado la tención de todos, mientras el bebé dormía plácidamente en sus brazos.

"A mi siempre me ha gustado cantar -dijo- y estaba aprendiendo con una cantante llanera, le pagaba cinco dólares cuando tenía, pero es muy buena persona y siempre la clase se alargaba. Además, no siempre tenía para pagarle. Ya después no pude más. Ella a veces va a la casa y hablamos. Es muy fuerte y me ayuda a que no me deprima. Ella dice que yo tengo buenas composiciones. Y quiero cantarles una para que por favor me ayuden, porque ya me monté en el otro autobús y no me dieron ni un bolívar para tomar el primer café de la mañana".

Hizo silencio, bajo la cara como buscando inspiración y comenzó "señor espero que tú guíes mi vida/ señor espero que tú me des pasión/ la fuerza es una espera/ y también la cura/ señor, yo quiero que tú/ me des razón. Si tengo que irme a tu lado/ será tu decisión/ señor espero que tú/ me des razón/ un aliento para continuar/ un soplo para llevar y la cura de tu amor". Sorprendente, uno de los chamos estaba llorando, signo de que estaba conectado con alguna tragedia personal. Hubo una mezcla de silencio y de complacencia. Hasta yo me sorprendí. Era verdad, sabía cantar. Puede que le faltara ritmo, porque no tenía instrumento, pero tenía un lindo vibrato y una voz melodiosa. Cada uno de los tres chamos puso un billetico de 500 y se lo dieron. Primera vez que veo que todos pusieron, todos dimos, todos sentimos la tragedia en carne propia. En un autobús lleno de tragedias personales, olvidamos la nuestra para solidarizarnos con la peor. Hasta un vendedor de caramelos, le regaló un puño de caramelos. "Toma pa´que aguantes el día. Échale bolas que todos los vendedores te protegemos. Aquí nadie te va a hacer daño. Siempre estamos aquí. De Plaza de Toros para acá. Y no te dé pena que la honradez nos hace grandes". Un buhonero filósofo, quizás con una tragedia peor que la de ella, pero expresando el amor por la humanidad, representada en aquella enfermera integral que apenas ganas para subirse a un autobús a pedir.



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 [email protected]      @aureliano2327

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