Como todo Fausto la ultra derecha apátrida y fascista tiene su Mefistófeles

Más allá de las elecciones del 28 de julio (IX)

Si algo caracteriza a la ultra derecha apátrida y fascista de Venezuela es que sigue estigmatizando y viendo con desdén al Pueblo venezolano. Lo ve desde una perspectiva de superioridad. Lo desprecia como hacedor de cultura. No lo concibe como actor insustituible en el constante estar haciéndose de nuestra formación social. No entiende que éste no puede ser metamorfoseado. Y que, por muy poderosas que sean las razones políticas, económicas, sociales, culturales y ambientales, e incluso de carácter ético y moral, ninguna otra palabra, categoría o concepto puede sobreponerse al Pueblo para sustituirlo, cuando ello ocurre las sociedades quedan en la más absoluta orfandad.

Son estas, entre otras, razones que explican porque la ultra derecha apátrida y fascista, no logra entender que el Pueblo es lo más concreto y único que existe en nuestra nación. No le otorga al pueblo venezolano la condición de sujeto fundamental de la sociedad, vacío que fue enmendado con la Constitución Bolivariana (1999). En la misma se establece una concepción distinta del pueblo. Se parte de la comprensión de que el Pueblo no es un peligro; por tanto, no debe seguir siendo excluido de las esferas de la toma de decisiones. Ya que, Pueblo es la facultad que tenemos los seres humanos de vernos representados en el mundo que nos rodea; y, a la vez, representarnos en dicho mundo.

Por lo que, horadar lo más profundo del ethos cultural venezolano, de su formación de pueblo, nos permitirá encontrar los rasgos que le han caracterizado a lo largo del proceso histórico de la formación social venezolana, proceso que no puede ser percibido como momentos estancos, sino en el marco de una continuidad que tiene diversos momentos. Sistema social que es a la vez un sistema político, económico, cultural, jurídico, religioso, sociológico, técnico, etc., en el cual el Pueblo es el actor fundamental.

Concebir, entonces, al Pueblo venezolano como sujeto social que ha labrado su propia historia, permite comprenderlo como un Pueblo que actúa, que padece y siente, que se propone alcanzar metas y logros, que ve las expectativas que le genera la vida, de manera dialéctica. De allí, su permanente inconformidad con lo alcanzado; de allí su eclecticismo; de allí, en resumidas cuentas, su pasión por la lucha, su don de batallador, su instinto guerrero.

En función de justificar su proceder, la ultra derecha apátrida y fascista, proclama el individualismo como razón de ser del venezolano. Hace del particularismo neoliberal el nuevo ethos de su identificación. Pretende con ello convertir al venezolano en un ser asocial, carente de espíritu solidario. Pretende convertir nuestro país en una sociedad deshumanizada, en donde el Yo se imponga al Nosotros. En donde el Otro no exista.

Es por ello que, al pensar el Pueblo de manera radicalmente distinta, como el actor fundamental de la sociedad, lo pensamos a partir del establecimiento de un sistema democrático como forma de vida en construcción permanente. Lo concebimos en relación con la soberanía popular; y, aquí, lo popular adquiere una dimensión distinta a la que le otorga el pensamiento heredero de la modernidad capitalista de sustituto del Pueblo. Lo concebimos como un actor político colectivo.

Es por ello que, el establecimiento de una nueva relación entre pueblo y política nos ha permitido concebir la sociedad como una comunidad. Superar el carácter universalista de la cultura occidental. Imaginar el tránsito del sujeto individual hacia el sujeto colectivo, como el sujeto de la sociedad, estudiarlo como un problema ético. A revisar lo que hemos llamado identidad cultural, hacernos de ella una concepción trascendente al etnocentrismo euronorteamericano. Entender que la dimensión de lo público y lo privado tiene una connotación distinta de la que tradicionalmente se le ha atribuido. Redimensionar el rol del Estado en (y para) la sociedad. Entender que éste, más allá del carácter de Estado social y de derecho que el pensamiento liberal le asigna, lo concebimos como un Estado social de derecho y de justicia, entendida ésta como un principio a través del cual el pueblo pueda alcanzar su felicidad, su libertad, su emancipación.

Pues bien, son estas –entre otras- razones que explican porque el discurso cínico, falso y vacío de la ultra derecha apátrida y fascista se agotó. Discurso que, por mucho tiempo generó confusión y escepticismo en parte importante del Pueblo venezolano, negarlo es una estupidez. Discurso con el cual, la ultra derecha apátrida y fascista, no pudo seguir sosteniendo el uso tergiversado de algunos calificativos con los que pretendió desmeritar la Revolución Bolivariana y, de manera particular, a los presidentes Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Régimen y dictadura, son algunos de esos calificativos; los que, cual boomerang, se les devolvieron y, hoy el Pueblo venezolano los acusa de ser ellos los antidemocráticos, los anti-patria, los excluyentes, contrarios a la justicia social, la igualdad, la soberanía nacional.

Convencidos han estado de que pueden meterle al venezolano "gato por liebre"; creyeron que disfrazándose de "caperucita", podían meternos un paquete chileno. Quisieron convertir su minotauro en un monje. Mucha es el agua que ha pasado debajo del puente. En su menosprecio siguen creyendo que el pueblo venezolano es pendejo, atrasado e ignorante.

Pues bien, la ultra derecha apátrida y fascista no logra entender que la política es cosa seria. Que más allá de imaginarla como un concepto hay que encontrarle su razón práctica. Que el ejercicio de la política no es solo la búsqueda del poder. Que éste debe dar respuesta los problemas políticos, económicos, sociales, ambientales y culturales, que hoy tenemos. Que la afición guerrerista como mecanismo de dominación, el desdén por la paz, el crecimiento de la desigualdad, la inequidad, las injusticias sociales, la fetichización de la democracia, son problemas que la teoría política por sí sola no podrá resolver. Esa ultra derecha apátrida y fascista no logra entender la necesidad de imaginar una nueva política. Y, no podrá entenderlo porque como todo Fausto tiene su Mefistófeles que la domina, la vuelve su lacayo, su marioneta.

Lo ocurrido, a lo largo y ancho de la geografía nacional, el 4 de julio, fue una clara demostración de que el pueblo venezolano está en la calle; y, quien lo convoca es Nicolás Maduro.



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Nelson Pineda Prada

*Profesor Titular de la Universidad de Los Andes. Historiador. Dr. en Estudios del Desarrollo. Ex-Embajador en Paraguay, la OEA y Costa Rica.

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