El pueblo es algo más que un concepto

El Comandante Chávez tiene lugar en muchos corazones, me consta. Cuando él dijo "ya Chávez no soy yo, Chávez es un pueblo", seguramente él ya suponía que su presencia sería una realidad palpable, tangible, más allá del contexto de su contemporaneidad. Él solía discurrir acerca del concepto y cuando me tocaba oírlo yo escudriñaba o trataba de escudriñar, de indagar, hacia donde apuntaba el metamensaje y quizá no me equivoqué ni en el sentido ni en la dirección en que él apuntaba (he de aclarar que para mí, sentido es una cosa y dirección es otra; así como también discierno entre los conceptos ética y moral, que es otro tema).

Contemplar y discurrir a la distancia siempre demanda hacer un ejercicio interior que no cualquiera; y si es de esta naturaleza, valga de naturaleza humanística, es o resulta ser de mayor complejidad, más jodido, más intrincado, muy difícil de atinar y si le sumásemos al tema el ingrediente político, entonces la mar de peos para uno aterrizar debidamente, no quedarse en las nubes ni estrellarse contra un himalaya.

Para mí la aurora es como una lámpara encendida, uno tiene que levantarse a tiempo y disponerse a trabajar cada quien en lo que le compete, no echarse las bolas al hombro y esperar a que otros trabajen por uno, hay que luchar codo a codo con el pueblo trabajador como lo hizo el Comandante Chávez y como le corresponde a Maduro y a Diosdado proseguir; y a nosotros los sudabolas también nos toca en primera instancia no pedir menos trabajo sino procurar tener un espinazo más fuerte para aguantar la carga, y uno sabe que el tiempo deja secuelas físicas pero hay que luchar si no de una manera de otra pero no podemos cruzarnos de brazos mientras Venezuela es amenazada impunemente por la ultraoposición tal que se arremilla al imperio gringo.

El pueblo —he de reiterar— somos todos los patriotas que reposan en nuestros cementerios y particularmente en el Panteón Nacional; el pueblo somos nosotros el PSUV y el Gran Polo Patriótico además de los compatriotas opositores pero nacionalistas y decentes, que los hay; y desde luego, el pueblo es toda esa generación de venezolanos por venir, por nacer, sin excepción alguna.

Pasadas generaciones de nativos aborígenes, las más o menos cinco generaciones coetáneas de hoy, más las futuras generaciones por venir constituyen el pueblo pero eso no es todo.

Tenemos que abocarnos a discurrir acerca de nuestros valores fundamentales, valores como la unidad, la consciencia y la dignidad entre otros, son retos urgentes.

Si cada quien por su cuenta, no somos nada (exagero); pero en unidad, somos todo (no exagero).

Yo tengo idea de mi ignorancia pero eso no me hace peor ni mejor persona; no obstante, me niego a no saber y es por lo que indago y por lo que discurro, meto la cuchara, opino. Especialmente estos últimos días en que estuve aquí en la escuelita he salido tempranito a husmear la realidad, camino por la acera, observo (especialmente a las muchachas y hasta les pico el ojo, una de ellas se echo a reír, por lo que me llamó bobo), entiendo o creo entender que los trabajadores no se rinden y con sus manos callosas —como las mías— bregan en sus tarantines, otros van a sus puestos de trabajo, los mocosos son llevados a la escuela y los más tarajallos van por su cuenta, los almacenes y negocios de todo tipo abren sus entradas, yo me doy el lujo de pasear en los buses hasta una media mañana y pongo mis pupilas a lo intenso, luego regreso a dictarle estas cositas al que escribe y no sin que éste se zampe un buen trago de ron para ponerse a tono (yo no sé leer pero me escriben, tampoco sé contar pero me cuentan).

Ya se me acabó el solaz porque las propelas han sido reparadas, ahora toca irme a bailar al son de las mareas, a disfrutar de las bondades del aire puro o acaso del menos contaminado y a rezar mis oraciones.

Y si puedo, dado el concurso de mi gente, os volveré a ofrecer mi lata. Yo no cargo aditamentos electrónicos propios y ni siquiera el celuloko que la institutriz de la escuelita puso a mi alcance; éste se me va a olvidar al zarpe porque para perendenguero, estebandejesus basta y sobra.

Ñapa:

Al dejar sin resolver eso de que el pueblo es para mí algo más que un concepto, no obstante creo tener noción de que hay cuestiones que no tienen nombre y nombres que no tienen asidero físico pero, resolver eso se lo dejo a usted, dilecta lectora, lector dilecto.

Re ñapa:

Si el imponderable no me ataja en 72 horas, antes de yo dejar el polvero os contaré algo pavoroso, de espanto con brinco, acerca de una mujer que anda esgaritá en un sueño vacío, se trata de una mujer que quiere ser vaquera, eso es plooomooo por aquí y plooomooo por allá.

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Guillermo Guzmán


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