Homenaje a los telegrafistas

Introducción

El Día del Telegrafista se celebra en Venezuela a partir de 1948 todos los 24 de mayo. Yo nací en el seno de una familia de profesionales de la telegrafía. Mi papá, mi mamá, dos hermanas y un hermano aprendieron este oficio. Mis padres fueron servidores públicos y se jubilaron en el otrora Ministerio de Comunicaciones, siendo telegrafistas de la oficina del telégrafo de Tucacas, en la costa oriental falconiana.

Desde muy niño se me hizo familiar el sonido que emitía el sonante, pieza esta que se activaba cuando se transmitían o se recibían telegramas, la razón es la siguiente, en ese entonces la oficina telegráfica funcionaba en la misma casa de familia del jefe de esa dependencia pública, que en este caso era mi padre, o sea, desde recién nacido viví en ese medio, allí crecí, toda mi infancia estuvo conectada al mundo del telégrafo, viviendo el día a día de esa dinámica, percibiendo de esa experiencia mensajes y códigos que sin duda tuvo en nosotros su arraigo, cual es escribir, inconscientemente, en un estilo telegráfico, es decir, de manera concisa.

A continuación pasamos a reseñar con base en nuestra experiencia, diferentes aspectos relacionados con el mundo del telégrafo, y lo hacemos con el objetivo principal de homenajear a los hombres y mujeres telegrafistas de nuestra patria. Es oportuno acotar que esta profesión ya está extinta, pero dejó un bagaje de información importante desde una perspectiva histórica.

Telégrafo

Desde 1856 cuando se inicia la telegrafía en nuestro país, hasta inicio de la década de los años 70 del siglo pasado, el telégrafo tuvo una importancia relevante para las personas comunicarse; en ese tiempo en Tucacas no había en las casas teléfono CANTV, sólo había una central telefónica que a lo sumo tenía cuatro o seis cabinas; estábamos lejos de contar con la telefonía celular; por esta razón la oficina telegráfica era muy frecuentada por el público tanto local como turista, de hecho en ocasiones de feriados largos como por ejemplo carnaval, semana santa y vacaciones escolares, en la oficina se hacía cola para enviar telegramas. A fin de reforzar la ilustración de la importancia del telégrafo en ese tiempo, contaré la siguiente anécdota. Una noche pasaron un telegrama urgente a Tucacas desde Coro vía Valencia, es decir, no había comunicación telegráfica directa Coro-Tucacas, la única opción era que la oficina de Coro transmitía a Valencia, esta recibía y luego transmitía a Tucacas. El mensaje era de suma importancia, era una noticia trágica. En la noche, obviamente, no había quien transcribiera el telegrama en máquina de escribir y en papel timbrado, tampoco había mensajero que lo llevara, por tal motivo y dada la gravedad del asunto, mi papá, quien era el telegrafista y jefe de la oficina, decidió ir a avisarle verbalmente al destinatario el contenido del telegrama. Recuerdo que lo acompañé; fuimos a pie a una casa localizada cerca de la escuela, eran como las nueve, para la época se consideraba altas horas de la noche. Él tocó la puerta y del otro lado escuchamos que contestó la voz de una mujer, aún con la puerta cerrada mi papá le dijo: "Es Jiménez, el del telégrafo, acabo de recibir un telegrama, caramba… el muchacho murió", la mujer comenzó a llorar. Días antes el joven había sufrido un accidente de tránsito en la carretera Morón-Coro y lo habían hospitalizado en la capital falconiana.

El telégrafo se fundamentaba en sonidos, cada letra del alfabeto tenía un sonido particular. En una pieza llamada llave o manipulador, el telegrafista emisor pulsaba y daba origen al sonido de cada letra. Como mencionamos anteriormente, durante la transmisión de un telegrama los sonidos de las letras se iban escuchando en otra pieza llamada sonante, tanto el telegrafista emisor como el receptor escuchaban simultáneamente estos sonidos. A medida que el telegrafista emisor iba transmitiendo letra por letra y completando palabra por palabra el contenido del telegrama, el telegrafista receptor iba escuchando y escribiendo en papel hasta completar cada palabra y finalmente todo el telegrama. Es pertinente agregar que además de las letras, los números y signos de puntuación también tenían sus respectivos sonidos particulares.

Telegrama

Los telegramas o mensajes telegráficos se caracterizaban por ser de extensión breve. Estos se clasificaban en cuatro categorías: urgentes, ordinarios, oficiales y franqueados. Los urgentes obedecían a contenidos que era necesario trasmitir y hacer llegar al destinatario lo más rápido posible (mensajes sobre mal estado de salud, fechas próximas de reuniones de trabajo, aviso de muerte y otras urgencias), por esta razón el telegrama urgente tenía prioridad de transmisión sobre las otras categorías. Los telegramas ordinarios representaban la tendencia general del público, es decir, mensajes triviales como reporte de salida o de llegada a un lugar, de felicitación, de invitación, de salutación, etc. Los oficiales eran comunicaciones de organismos del Estado como por ejemplo el entonces Ministerio del Trabajo, la Guardia Nacional, el Ministerio de Agricultura y Cría, entre otros. Finalmente, los telegramas franqueados tenían un contenido similar a los urgentes u ordinarios, su particularidad era que esta categoría estaba reservada solamente para los telegrafistas y sus familiares (padres, hermanos, conyugue e hijos). En relación con los costos, los urgentes eran más caros que los ordinarios; los oficiales y franqueados estaban exentos de pago.

En cuanto al cálculo del costo del telegrama, este era directamente proporcional a la cantidad de palabras que conformaban su contenido, o sea, a mayor cantidad de palabras más caro era el telegrama, siempre en función de la tarifa oficial. Con respecto a esto les cuento la siguiente anécdota. Al telégrafo de Tucacas a menudo iba un chico de origen margariteño de nombre José Luis, que al ser atendido se adelantaba a vaticinar el costo del telegrama antes que la taquillera sacara la cuenta (él estaba aprendiendo a calcularlo), este joven a veces acertaba, a veces erraba, cuando ocurría esto último pedía que le indicaran o explicaran su error, él hacía punto de honor el hecho de la aclaratoria; sin duda destacaba su interés en aprender, corregir y mejorar. He aquí un pequeño relato y su moraleja.

Giro telegráfico

Además de telegramas, por medio del telégrafo también era posible enviar giros telegráficos, es decir, enviar dinero a otra persona. Explico el procedimiento: la persona interesada en enviar un giro iba a la oficina de correo postal y allí consignaba el dinero y le daban un recibo y un formato con los datos del giro telegráfico. Este formato era llevado a la oficina del telégrafo y desde allí eran transmitidos (en un telegrama) los datos con la información del monto del giro, la identificación y localización del destinatario. Cuando esta persona recibía el telegrama, se presentaba con este documento y la cédula de identidad en la oficina de correo postal de su localidad y retiraba el dinero. Es oportuno agregar que el monto del giro variaba entre un mínimo y un máximo, ambos fijados por el otrora Ministerio de Comunicaciones. Podemos afirmar que en la práctica, la transferencia bancaria actual se parece a lo que en el pasado fue el giro telegráfico.

El telégrafo en la toponimia urbana

Es justo e importante referir que muy probablemente debido a su importancia comunicacional, hubo una consustanciación entre el telégrafo y la sociedad venezolana, tanto así que el mundo telegráfico pasó a formar parte de la toponimia del país. Se sabe que en el estado Carabobo muchos telegrafistas adquirieron su vivienda por medio de la otrora Caja de Ahorros y Previsión Social del Ministerio de Comunicaciones (Capremco), un ejemplo de ello está en el Municipio Naguanagua, donde en 1957 se asentaron telegrafistas con sus familias en un sector que tomó precisamente el nombre de Capremco, actualmente este nombre perdura y forma parte de la toponimia urbana municipal. Es oportuno destacar que en este urbanismo la alcaldía erigió un monumento en honor a los telegrafistas, profesionales que contribuyeron a desarrollar este medio de comunicación de suma importancia en ese entonces.

En Ciudad Bolívar también se construyó una Urbanización Capremco y en San Juan de los Morros hay un sector residencial que tiene por nombre Urbanización Los Telegrafistas. También es del conocimiento público que tanto en el sector Campo Carabobo en la gran Valencia, como en el sector Las Morochas en Ciudad Ojeda estado Zulia, hay sendas calles que tienen por nombre El Telégrafo.

Es pertinente agregar que en Barquisimeto funcionó durante muchos años la Casa del Telegrafista, era un centro social y de esparcimiento que se localizaba en el sector residencial La Concordia. Se sabe también que en Caracas, específicamente en El Paraíso, funcionó una casa gremial que además de centro social, ofrecía hospedaje a los telegrafistas del interior del país que iban a la capital a hacer diligencias administrativas.

Telegrafistas

El gremio de telegrafistas era muy unido, había camaradería y solidaridad entre sus miembros; estaban bien organizados, tanto así que llegaron a conformar la Federación de Telegrafistas de Venezuela. Anualmente hacían una reunión que denominaban convención; la misma tenía una connotación reivindicativa y de hecho a la postre lograban mejoras importantes para los agremiados.

En Tucacas los últimos telegrafistas fueron: Juan Loaiza, Rafael Sandó, Ignacio Guaimare Rojas, Régulo Rodríguez Gálvis, Abdo Escorcha, Julio Ramón Jiménez (mi padre), Vidalina Gómez de Jiménez (mi madre) y José Medina. Particularmente tuvimos la oportunidad de conocer a los telegrafistas que trabajaban en las poblaciones cercanas a Tucacas: Juan Carlos Blank (Boca de Aroa), Pedro Clavijo y Luis Arteaga (Chichiriviche), Benjamín Meléndez (Tocuyo de la Costa), Edgar Zara Rotje y Juan Nava (Morón).

Epílogo

La creación del Instituto Postal Telegráfico (IPOSTEL) en 1978, de hecho puso término a la vigencia del telégrafo en Venezuela, porque si bien esta organización fusionó el correo y el telégrafo, en verdad la función medular de este instituto, desde su fundación, ha sido siempre el correo postal, ya que el telégrafo venía en desuso, fue superado por el avance tecnológico que trajo consigo al teletipo, el télex, el prof, el fax, internet con el correo electrónico y más recientemente con las redes sociales, que también han impactado al correo postal, pero no al extremo de hacerlo desaparecer.

Los telegrafistas más jóvenes de Venezuela muy probablemente pasan de setenta años de edad y los más viejos pudieran estar cerca de cumplir el siglo. A ellas y ellos le expresamos nuestras sinceras felicitaciones en su día.

 

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