Las sanciones de EEUU a Venezuela no logran su fin político, pero sí afectan el salario de los trabajadores

La política, sobre todo cuando se ejerce de buena fe y particularmente con la intención de hacer avanzar a un país y modelar una sociedad justa que retribuya el trabajo y produzca bienestar colectivo, debe fundamentarse en la realidad. Negar esta, evadirla, lleva a diagnósticos desacertados, generar desconfianza y producir dispersión.

Los extremismos, de un lado u otro, que evaden la realidad, como que el pensamiento mayoritario no entra en sus evaluaciones, nunca conducirán a la unidad de las mayorías. Y, los trabajadores, de paso, tanto del sector público como privado, no pueden esperar que quienes expresan el pensamiento de las clases dominantes, de los grandes capitales, nacionales y extranjeros, digamos, para satisfacción de quien lo requiera, el imperialismo, estarían dispuestos a manejar el país de manera que sus salarios y demás beneficios mejoren sustancialmente y tal como corresponde. El capital tiene como fin obtener la máxima ganancia cuando invierte en cualquier actividad y, para eso, pagar lo mínimo posible en salario, es una de sus reglas primordiales. Y procura que el ingreso del Estado, tal como vimos en los años de la Venezuela petrolera, incluso en tiempos de Chávez, entre a sus arcas a través créditos blandos para importar mercancías y hasta para depositarlos en bancos extranjeros. Sería bueno saber cuánto capital venezolano, producto de esos créditos o de las ganancias del empresariado, está depositado o invertido fuera del país y cuánto se sigue depositando.

Las sanciones forman parte de una realidad que no podemos negar o ignorar; son demasiados obvias y contundentes. Y no debemos ignorarlas para que nuestros análisis resulten acertados o nuestros fines, deseos o sentimientos, se sientan satisfechos. De nada sirve difundir la mentira que, las sanciones tienen como fin central y hasta único, afectar personalmente a funcionarios del gobierno por motivos hasta inventados. Por cierto, quienes esto dicen, igualmente comentan que los gobernantes y sus más cercanos aliados, incluidos los altos mandos militares, se han enriquecido, lo que implica una evidente contradicción.

Las sanciones de Estados Unidos son a la economía venezolana y por ende a los venezolanos todos. Por supuesto, como ya dije, ellas fueron aplicadas para debilitar al gobierno, derrocarlo y hasta obligarlo a cambiar de rumbo y actitud, sin importar el daño descomunal que ocasionan a la población.

Que millones de dólares nuestros estén congelados en bancos extranjeros, hayamos dejado de producir y exportar sustancialmente nuestro recurso petrolero, reactivar la industria del ramo, etc., lejos de dañar a los gobernantes, quienes por el contrario han logrado mantenerse en el poder, mientras la oposición luce por demás dividida, revela también que, esas medidas, en verdad, han venido afectando primordialmente a los trabajadores.

No obstante, tiene lógica pensar que, estas sanciones, fueron diseñadas para obtener resultados a corto plazo, lo que no resultó como se esperaba por múltiples razones, como la inconmensurable torpeza de la dirigencia opositora en la que EEUU se apoyó para hacer realidad sus planes. De donde, no es desacertado pensar, como lo hace Jorge Roig, quien de paso maneja informaciones valederas y sustentables, que las sanciones pudieran estarse revirtiendo en contra de Estados Unidos en lo que respecta a su pérdida de influencia en Venezuela y el acceso a este país de otras fuentes de capital. Ahora mismo, el presidente Maduro, ha manifestado al presidente chino, "Cuente usted con todo el apoyo de Venezuela, de nuestro pueblo y del Partido Socialista Unido (PSUV) para el empeño de construir una civilización donde quepamos todos, donde tomemos el camino del desarrollo, de la igualdad (…) Una nueva civilización de paz, de armonía, unión, de desarrollos compartidos".

https://www.costadelsolfm.org/2023/03/15/nicolas-maduro-se-comprometio-con-china-a-construir-una-alternativa-al-capitalismo/.

No obstante, según percibimos que, si bien esto es a todas luces bien intencionado, los resultados inmediatos en nada favorecen a la mayoría de los venezolanos, particularmente a los trabajadores. Hasta ahora, de esos buenos deseos, promesas y hasta abundantes convenios, "no le hemos visto el queso a la tostada". Otra fue la historia de la Cuba beneficiada por el gobierno soviético en los tiempos de Nikita Khushchev. El régimen chino opera con una "lógica distinta" a la de aquel gobierno soviético.

No hay duda además, esta es la realidad, pese los discursos, que el capital que se invierte en Venezuela ha logrado establecer acuerdos con el gobierno, dadas las dificultades que este afronta, para lo que esas sanciones estorban. Y de esto también sabe bien Jorge Roig. El asunto salarial es todo un discurso.

La ministra de Educación, la profesora Yelitza Santaella, acaba de declarar que, en el sector educativo, no habrá firma de contrato y, en consecuencia, tampoco aumentos salariales como demandan las circunstancias. Y para eso alega la falta de recursos. Todavía, "la tripartita", no ha hallado "la punta del ovillo" para resolver en materia salarial.

Tampoco es acertado desconocer la grave situación que viven los trabajadores por culpa de esos bajos salarios; como no es valedero, humano y menos compatible con la necesidad de mejorar la calidad del trabajo, mandar o recomendar a estos "rebuscarse" en otras actividades. Un profesor del sector medio de la educación, antes de esta grave coyuntura, para obtener un ingreso medianamente satisfactorio, debía trabajar desde la mañana hasta la noche, en el sector público o privado y hasta en ambos. Y eso implicaba e implica, invertir parte de su tiempo "libre", por el cual nada le pagaban ni le pagan, en la ejecución de tareas adicionales, como la revisión de trabajos presentados por los alumnos, evaluaciones y planificación del trabajo semanal y su propia preparación, para desempeñar cada día mejor su rol, ampliando sus conocimientos y manejo de mejores estrategias.

Lo anterior significa que, un docente, que tenga la disposición de hacer su trabajo con eficacia, como lo demanda la moral y lo impone su obligación misma, no tiene tiempo para "rebusques", menos si tiene necesidad vital de disponer de oportunidad para el descanso, meditación, atender a la familia, recreo y estudiar para hacerse cada vez mejor. Pensar lo contrario, estaríamos casi hablando del esclavismo. Y si a un educador, como quien esto escribe, le respondiesen por sus demandas de mejoras salariales, se vaya al "rebusque", a vender lo que sea, con razón, pudiera sentirse ofendido en su dignidad y se indispondría contra quien eso le respondiese.

De manera que, no se trata de desconocer las sanciones que fueron ideadas para "tumbar" al gobierno; una tarea diseñada para lo inmediato, bajo el amparo de un sector político desfasado, antinacional y contrario al derecho de otros a manejar el aparato del Estado. Es decir, tal proceder o plan, al mismo tiempo, generó una estrategia, fuerza y opinión, en favor de la injerencia de Estados Unidos en nuestros asuntos. Esto forma parte de la realidad, negarla significa ponerse trabas para aprehender la realidad.

Como tampoco es valedero negar la deplorable situación que viven los trabajadores, no sólo en materia salarial, sino en servicios de salud y educación, por lo paupérrimo de los salarios y la falta de todo lo necesario para prestar ambos servicios, por sólo hablar de ellos, medianamente eficientes.

Estamos anclados en dos posiciones extremas que impiden acuerdos razonables y entendimientos entre los factores que pudieran impulsar un cambio en la sociedad venezolana y, para ello, lograr que quienes nos sancionan, se vean obligados a deponer su actitud, en virtud de la fortaleza de los reclamos por la unidad mayoritaria del pueblo y por las dificultades que eso también implica para ellos.

La lucha por los salarios, aparte de lo que dicen los economistas progresistas o revolucionarios, dicho así porque hasta existen extremistas que nada quieren saber del "progresismo", dado que esperan una hecatombe provocada por los dioses y contra las sanciones, lejos de contradecirse, entra en el programa o propósito del movimiento popular, de los trabajadores y la dirigencia ganada para construir un mejor país y salir del atolladero en el cual nos hayamos.

Uno percibe, sin mucha dificultad, que hay interés de separar ambas cosas, sanciones y salarios. Y eso acontece porque se sobrepone la idea que, lo fundamental, es deshacerse del gobierno, incluso antes de tiempo, dado que parece difícil ganarle unas elecciones por la distancia existente entre los diferentes grupos opositores; y entre gente del gobierno, pareciera imponerse la idea que ellos, con una ayuda de quienes parecen moverse como mucha lentitud, estarían en condiciones de voltear el actual estado de cosas, sin necesidad de otros actores a lo interno. Y esto influye para que quienes gobiernan desdeñen los reclamos salariales y vitales, necesarios, eficientes servicios. Y a una parte del universo opositor, el ligado estrechamente a los intereses del gran capital, por lo que ya hemos dicho, los salarios de los trabajadores, poco le importan.

Este cuadro particular, diagnóstico, viene favoreciendo al oficialismo estadounidense, su capital y al sector empresarial interno, pese lo que hemos dicho de las sanciones, pues dada la división del movimiento popular, el enfrentamiento entre sus componentes, le abrió las puertas a una nueva estrategia que ahora lidera Fedecámaras y que les ha resultado exitosa. Lo contrario de lo que desearía Chávez.

Y esto también sucede por la indisposición en los factores teóricamente partidarios del cambio y la soberanía a abrirse al entendimiento y búsqueda de acuerdos razonables. Tanto que, entre la misma militancia del Psuv, se notan grietas y distanciamientos, como lo revelan los casos de María Alejandra Díaz y el grupo de promotores de la indexación salarial que componen, entre otros, Tony Boza, Valdez y Pascualina Curcio.

Hasta Luis Britto García, ha optado por manifestar con persistencia sus diferencias. Ahora mismo corre un video en las redes de reciente filmación, en el cual se expresa de nuevo, absolutamente contrariado frente a la Ley de Inversiones Extranjeras.

Y por esta incertidumbre, mala percepción del universo progresista, democrático, nacionalista, revolucionario, socialdemócrata, los factores dominantes, el imperialismo mismo, a través de Fedecámaras, repito deliberadamente, acorralan al gobierno, ganan espacios y poder.

Existe la sola posibilidad de unir en el mismo programa ambas consignas y aquellas inherentes a la necesidad de recomponer la economía, partiendo de un análisis realista de la coyuntura nacional, deshaciéndose de fetiches, promesas imposibles de cumplir y que, de paso, no están en el ánimo de la mayoría y más en medio de la emergencia en la cual estamos inmersos. Y hay que poner énfasis en ofrecer una imagen atractiva electoralmente que recoja sentimientos muy internalizados en la multitud y no en favor de pequeñas cúpulas. Pues pudiera haber quienes sus propósitos e intereses no van más allá de lo estrictamente personal.

Veo en la coyuntura, las razones materiales, políticas de la crisis económica venezolana, las necesidades y demandas populares, un enorme, amplísimo espacio, para llegar a acuerdos entre mucha gente; la izquierda, incluyendo dentro de esta calificación al gobierno, pese abunde quienes digan lo contrario y, más allá de ella, una buena cantidad de pequeños grupos y partidos socialdemócratas y nacionalistas, que cabrían perfectamente en el bloque necesario para abordar las tareas para despejar el camino y hasta poner a la minoritaria extrema derecha en su sitio o su cubículo y a Fedecámaras jugar su rol, tal como le corresponde.

Pues la tarea indispensable, necesaria, la que demandan las circunstancias, es crear un Estado de cosas que genere una fuerte presión para que EEUU levante las sanciones y se repongan las relaciones en los niveles correspondientes, donde el respeto a la soberanía prevalezca y eso pasa por despojarse de odios, apetencias personales de poder y que el derecho de cada quien, persona y grupo prevalezca.

Por supuesto, esto demanda poner en primer plano las tareas pertinentes, deponer los intereses particulares, de grupo, definiciones y discursos sin sustento, como antes se dijo.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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