El pu... irrespetuoso

En una obra cuasi que homónima del parodiado título de este escrito, Jean Paul Sartre describe de manera magistral, la doble moral que caracteriza a la sociedad norteamericana; poniendo de relieve el prejuicio racial que como sabemos, desde los orígenes de esa nación ha dominado la mentalidad y el comportamiento de ese pueblo; particularmente hacia su componente de origen africano, al que por más de tres siglos mantuvo esclavizado. Aunque la verdad, dado el creciente y agresivo racismo que allí se vive, no sé si sea apropiado haber utilizado el verbo mantener en tiempo pasado.

En fin, se trata de una obra de teatro puesta en escena en París en noviembre de 1946, con el título de LA P… RESPECTUEUSE, traducida al castellano en algunas ediciones con sus letras completas, como La Puta Respetuosa; o sea, a la fecha actual hace 76 años.

Como particularmente sentimos una gran admiración por este combativo filósofo francés, que en la oportunidad en que le fue conferido, rechazó el premio Nobel de literatura (1964), y fue un activista notable del Mayo francés (1968); hemos querido rendirle este humilde homenaje, inspirados en la vigencia de la crítica plasmada en la mencionada pieza teatral, con esta resumida copia de la original, que no tiene otro propósito sino incentivar la lectura de la escrita por nuestro homenajeado.

Por supuesto, se trata de una adaptación libre, de los hechos que se exponen en la obra del celebrado autor; nutrida en los abundantes acontecimientos de los que se suceden cotidianamente en la gran nación del Norte. Como el que se trasluce en esta parodia, por ejemplo, reseñado entre otros medios gringos por el "Observador de Santa Mónica" el 29 de octubre, del que "Red Voltaire" publicó una nota en su edición del 31 del mes pasado, con enlaces a la fuente primaria; en los que se relata el suceso de una manera tan cruda (le da el calificativo de "terrible verdad"), que constituye una abierta y desafiante refutación a la versión oficial, y que vino como anillo al dedo para la ocasión.

Pero, como dicen por ahí que segundas partes nunca fueron buenas, aquí les doy el enlace de una de las versiones del original en castellano de la "Puta Respetuosa", para que aprecien ustedes mismos la exquisita mordacidad con la que el filósofo trata este tema; al dejar al descubierto con total claridad, la verdadera esencia en la que se basa la conducta social de los gringos, o sea, moralina pura pues: https://omegalfa.es

Entonces, sin más preámbulos les dejamos con:

"EL PUTO IRRESPETUOSO"

OBRA EN UN SOLO ACTO

(TRES CUADROS)

PERSONAJES:

Según vayan apareciendo, vamos diciendo.

DECORADO:

Se describe en las escenas de cada cuadro.

ACTO ÚNICO

CUADRO PRIMERO

En un "exclusivo" bar de la ciudad estadounidense de San Francisco, California.

ESCENA UNO

Personaje no bien definido en la penumbra, pero con traje femenino. Un Barman negro.

Se levanta el telón. En el interior del establecimiento, una música explosiva y luces envolventes y parpadeantes que transfigura y deforma los rostros, hacen el ambiente propicio para la diversión desenfrenada de los concurrentes; que han ido allí en busca del máximo placer, ayudándose con sustancias cuyo consumo es prohibido en otros locales. Hay demasiada gente fumando y mucho humo esparcido; todos lucen disímiles atavíos y se contorsionan como en una demencial performance de la lujuria. Sentada en la barra, de espaldas a la desordenada marea de gente que se mueve sensualmente y sin control, a ratos destella una figura de pelo rubio y largo, casi hasta la cintura; luce un provocativo vestido de alta costura de color carmesí.

Uno de los bármanes –inmigrante africano de buena estatura y fornido, como de unos cuarenta años– le atiende a dedicación exclusiva. Al parecer es parte de su contrato, para retribuir el favor de una mano poderosa que le consiguió el privilegio de servir en ese selectivo establecimiento; donde, pese a la aparente liberalidad manifiesta en la escena descrita, no se aceptan clientes de baja categoría ¡y menos si son negros! No hay diálogo entre los dos… (pero puede que haya algún medio cifrado de comunicación entre ambos.)

 

ESCENA DOS

La Rubia, el Barman negro, un Taxista.

Es más de la medianoche. Aparentemente una dama Rubia, bamboleándose en sus decaídas piernas, abandona el lujoso establecimiento. Ha salido sola del local y pide un taxi; el taxista se detiene frente a ella, que al momento trata de abrir la puerta con sus erráticas manos, sin lograrlo.

De la nada surge alguien en su auxilio y le abre la puerta; es el Barman negro que la atendió en el bar, quien la ayuda a introducirse en el vehículo y entra con ella. El taxi abandona el lugar.

ESCENA TRES

Un Anciano, una Reliquia africana.

Como a la 1 y pico largo del mediodía, se observa en la habitación matrimonial de una suntuosa vivienda de San Francisco, tirada a un costado de la puerta abierta, completamente alborotada como una mopa desmoñada y desaliñada que requiere ser reemplazada, una peluca rubia; en una silla con el espaldar hacia un closet del tamaño de una pared de la amplia habitación, una de cuyas puertas permanece abierta, se ve mal colocado con la parte del escote colgando y rozando el piso, un bellísimo vestido color carmesí, entre otras prendas y adminículos femeninos. Y muy cerca de la monumental cama, yaciendo en el suelo boca abajo, con una almohada entre la parte inferior del abdomen y la pelvis, el cuerpo adolorido y desnudo de un anciano calvo; y apuntando en dirección a las posaderas de su fláccida anatomía, un ventilador a full velocidad…

Más, mirando con detenimiento, extrañamente también se aprecian unos tenues rastros de sangre; y a poca distancia rodando por ahí… una figura tallada en madera semejante a una deidad o tótem africano, con un enorme falo desenvainado…

ESCENA CUATRO

Agente del FBI, varios colegas suyos.

Ya ha trascendido por algunos medios informativos, y profusamente a través de las llamadas redes sociales, causando conmoción en la excepcional sociedad norteamericana, la denuncia de un presunto ataque en la vivienda de una honorable familia estadounidense. Las versiones son confusas: el personal de seguridad de la residencia no se hallaba presente para el momento de la acción, las modernas cámaras de vigilancia estaban desconectadas, y los sofisticados sistemas de alarma no se activaron, entre otras coincidencias muy raras.

DETECTIVE DEL FBI: En la escena del crimen, un corpulento Agente federal de piel muy blanca, de pelo rojizo y con aspecto de bisonte sin cuernos ni el cuero ese de Jake Angeli, el activista de QAnon, se retrae un poco de sus compañeros, y de manera subrepticia saca su celular y habla con alguien en tono confidente, en una actitud sospechosa que llama la atención de sus compañeros; pero éstos en una complicidad tácita se hacen los locos, pues ya han lanzado el pote de humo de un negro esgrimiendo un martillo, vociferando insultos y amenazas de muerte contra la congresista P., dueña de la vivienda, y en contra del partido Demócrata en la sala del respetable domicilio.

EL EXPRESIDENTE: (Con su característico bucle como si fuera un montón de heno apilado a un lado de la cabeza, aparece el ex presidente en su fastuosa mansión de Mar-a-Lago, sentado en una mecedora echándose aire con un abanico porque le cortaron la luz, –al parecer por el asunto de una deuda encubierta detectada durante un allanamiento en su domicilio, a la búsqueda de unos misteriosos Expedientes "X", sustraídos de la Casa Blanca– Mal humorado y despectivo como siempre, el hombre responde una llamada con el teléfono en la oreja.)

–¿…Y yo que tengo que ver con eso? (Con arrogancia y desprecio) –¿Cómo, un negro…? ¡Que vengan a mi mansión, para que vean que aquí no hay ni un rodapié siquiera de ese color! (Corta la llamada con asco, y de solo pensar que por su teléfono se oyó la palabra "negro", lo limpia con un pañuelo; pero no conforme con eso, lo lanza con furia por la ventana con todo y pañuelo.)

CUADRO SEGUNDO

Washington D.C., en el interior de la emblemática Casa Blanca, sede del Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica.

ESCENA ÚNICA

El Presidente, un Sillón y el Inexistente.

EL PRESIDENTE: (Mirando el informe con la frase "Top secret" en su escritorio del Despacho Oval, mueve la cabeza con una mueca indescifrable, no se sabe si conteniendo una leve sonrisa al estilo Mona Lisa, o afligido por el trance por el que está pasando un amigo cercano.)

–¡Esos muchachos de ahora caramba, que no ven lo que van a hacer, no ven, no ven lo que van a hacer! (De manera maquinal y sin querer tarareó la pegajosa canción popularizada por Gualberto Ibarreto, "Mi nieta Francisca Antonia", con todo y que la persona concernida en el caso pasa los 82 años.)

(Al rato se para del sillón repentinamente, y extiende la mano para saludar a alguien que no estaba en la habitación. Luego al recordar in pectore, los malos pasos de su hijo en juerga por la lejana Ucrania, y como soplándole a alguien en el oído después de su breve meditación, comentó: –Aunque también allí el hizo otras cosillas que yo le encargué, pero que no se pueden decir muy duro– (Y en el mismo tono susurrante agregó) –Es que en la Casa Blanca hay muchas orejas escondidas pegadas a la pared, ¡miren nada más lo que le pasó al pobre Nixon, que por una pendejada mucho menor que esa, tuvo que renunciar!– (Acto seguido le ordenó al Inexistente: )

–Revisen toda la casa de Nancy de arriba abajo, y saquen de ahí cualquier computadora que encuentren; no vaya a ser que este caso me salpique también a mí, con algún contrato secreto y cualquier foto indiscreta que aparezca por allí–. (Acotando enseguida:) –Pero viéndolo bien, con lo de Bidencito no fue una salpicada, lo que me llevé fue un verdadero chapuzón, una buena enchumbada de traje completo, ¡pero gracias a Dios que siempre vela por el bien de los Estados Unidos, al final no me picó ni coquito!

(Y al instante agregó con una pose de solemnidad:) –¡Eso es lo bueno de la democracia norteamericana, siempre protege a sus mejores hijos y castiga a los que no quieren vivir en un mundo regido por reglas! ¡Dios bendiga a América! (Aquí sí su expresión fue más discernible, cuando al terminar la manida frase, se le salió una risita mefistofélica que quedó a cubierto entre él, el Sillón y el Inexistente).

CUADRO TERCERO

Washington D.C., ubicación del Capitolio o sede del Congreso de los Estados Unidos, donde se asientan las dos cámaras legislativas de la nación, la de Senadores y la de Representantes.

ESCENA ÚNICA

La Congresista NP, el Senador MR, el Tramoyista

CONGRESISTA NP: (En el Capitolio en una sesión conjunta de ambas cámaras del Congreso, la Diputada demócrata NP se ha lanzado una agresiva perorata, condenando la profanación del sagrado hogar de la familia norteamericana –dijo la familia, generalizando calculadamente para evitar un tratamiento del caso en el terreno de lo personal, y eludir cualquier incumbencia suya directa con el tema en discusión; y al mismo tiempo buscando capitalizar el fervor patriotero y el apoyo de la amorfa masa gringa, fácil de manipular a través de la poderosa industria de la desinformación mediática–).

(Y en ese tono continuó ensalzando los elevadísimos valores morales de la sociedad estadounidense, ahora a punto de erosionarse por la ambición de los que quieren romper las reglas de lo que es vivir en democracia; como así lo pusieron en evidencia cuando soliviantados por un ambicioso megalómano, irrumpieron en el Congreso para desconocer la voluntad del pueblo norteamericano, bla, bla, bla…).

SENADOR MR: (El escatológico Senador republicano MR, por razones obvias adicto a la coprofagia, amén de quién sabe qué otras sustancias, con la intención de tirarse un eructo en plena sesión, cuando asuma la palabra para responder a su contrincante, sostiene en sus manos cual botella de champaña a punto de destapar, una cloaca completa; y asistido por su ayudante ha instalado un ventilador industrial a sus espaldas esperando su turno que ya se aproxima…)

El TRAMOYISTA: (Previendo lo que está a punto de suceder en el hemiciclo, y sabiendo por experiencia propia, que al final esos desagradables trabajitos de limpieza excrementicia siempre les tocan a los más pendejos; el Tramoyista, que es un negrito bien amoscado, justo cuando el ansioso orador se dispone a destapar la cañería que sostiene con sus diestras manos, lanza rápido el telón, dando por terminada la sesión, para evitar que convirtieran en un pestilente desastre la bonita obra de Sartre…)

(Telón ultra rápido.)

FIN

Advirtiéndoles que,

¡Cualquier parecido con la realidad… será solo fruto de la imaginación del lector!



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