Lo público, lo político y lo ético

"...Mucho más difícil que pelear, mucho más difícil aun que trabajar en las áreas pacíficas de construcción del país, es mantener la línea necesaria sin desviarse un centímetro de ella durante todas las horas de cada uno de los días..." El Che

Para Hegel, lo público y lo político se identificaba de tal forma, que terminaba por ser lo mismo. Lo político es cosa pública; con ello y desde ello, una vez conquistado el poder, es posible incidir en la transformación de la cosa pública.

El maestro Simón Rodríguez afirmaba que, "toda ética individual, tiene un carácter social". "Los deberes y derechos, antes que morales, son sociales", por lo que, moral y política son INSEPARABLES (O al menos debería serlo). De él hereda esa concepción, El Libertador Simón Bolívar, quien en el discurso de Angostura nos habla de una ética social. "Moral y Luces son los polos de la república" y, por lo tanto, nuestras primogénitas necesidades para modelar a la sociedad en la totalidad de la vida del Estado. Por su parte José Martí, alude a la "utilidad de la virtud y cultura de hacer política", refiriendo la bondad para brindar felicidad que debe tener quien asume la política como vocación de servicio al pueblo.

Todos los grandes acontecimientos y movimientos revolucionarios acontecidos en la historia de la humanidad, apuestan, algunos al menos en el discurso, a este principio del deber social. La Comuna de Paris, El Mayo Francés; las revoluciones hispanoamericanas y las sucesivas luchas nuestramericanas, en esencia, han levantado la bandera de la conquista del poder político y, con él, la transformación del hecho público en una época determinada, cuyos fundamentos y procedimientos, necesitan ser cambiados.

Ahora bien, cuando se está en la conquista de dicho poder político, suelen materializarse verdaderas actitudes de sacrificio y desprendimiento que rayan en lo heroico. No obstante, en su ensayo "El Socialismo y el Hombre en Cuba", el Comandante Guevara expresa que, encontrar la fórmula para perpetuar en la vida cotidiana la actitud heroica, (mostrada en la lucha) es una de las tareas fundamentales y más complejas desde el punto de vista ideológico. Es decir, es muy difícil estando en el poder, mantener la línea de conducta.

Se trata pues de la necesaria e ineludible consolidación de una disciplina laboral, moral y política, una conducta férrea en su apego a los más nobles principios de reivindicación de la condición humana de todos y todas; tarea que, a decir de Lenin es más difícil que la conquista misma del poder, dado que no puede ser cumplida en modo alguno con un esfuerzo heroico momentáneo, sino que exige un heroísmo más prolongado, permanente. Es precisamente sobre esta condición fundamental para la construcción del socialismo y el triunfo definitivo de la revolución, donde trabaja el enemigo para socavar los cimientos, corromper nuestras virtudes, envilecer lo que realmente constituye el poder de todo proceso revolucionario, que no es otra cosa que su integridad moral, su accionar con apego a una ética revolucionaria, es decir transformadora, edificante, honesta y ejemplarizante.

Los recientes hallazgos de corrupción y envilecimiento en el ejercicio de la función pública, representan un peligro para nuestro proceso, mucho mayor que todos los enfrentados en estos 22 años de Revolución Bolivariana. Una joven alcaldesa, que no alcanza los 30 años se embarra en el narcotráfico. Una señora ya sexagenaria, con una trayectoria política reconocida, esposa de quien, sin duda, constituye un emblema de primer orden en la lucha y resistencia de nuestro pueblo, por ser un hombre probo y de una capacidad intelectual (orgánica) descollante; termina enlodada en una trama de corrupción que la lleva a pensar y dirigir la eliminación física de su conyugue, de la forma más premeditada, alevosa y atroz posible.

¿Qué hacer? Preguntaría el propio Lenin. Lo primero es no quedarse en la narración de las consecuencias, los hechos; el morbo de los crímenes, los lamentos, el reclamo del yo tenía la razón, el yo te lo dije o yo lo sabía. Más que ver las consecuencias es urgente que revisemos las causas; que es lo que estamos haciendo o dejando de hacer para devenir en esto, que en efecto si constituye una amenaza seria a nuestro proceso.

No hay que ser ingenuo y creer que lo ocurrido es fortuito, ocasional, no. El enemigo es hábil y sabe dónde sembrar la discordia, el virus, la mala hierba, lo que contamina. Nuestra tarea urgente es fomentar el antídoto de la conciencia, que como ya se sabe, está determinada por "El ser social", la realidad concreta; lo que obliga a revisar nuestras prácticas, las formas de hacer política, de ejercer lo público y, el fundamento ético desde el cual actuamos en dicho ejercicio.

Las cosas han cambiado mucho desde la concepción Hegeliana. El poder político aún reclama su derecho a trabajar por el bien público, pero lamentablemente, muchos de las y los que asumen la vida política, lo hacen más por el interés privado o personal, que por el bien público; lo que obliga a la sociedad toda, a entender que lo público ha dejado de ser cosa solo de los políticos y requiere la participación de todos y todas, amén de una fundamentación ética que privilegie el bien común por encima de todos los legítimos bienes, sin desmedro de estos.



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